Llega un determinado momento en nuestras vidas en el que, ante la pregunta de ¿qué ocurrirá una vez fallezca?, nos vemos en la necesidad de “organizar” ese instante. Y si bien nos encontraremos con una serie de factores sobre los cuales no tenemos facultad de decisión alguna, no es menos cierto que existen determinados elementos que, de alguna manera, podemos controlar. Siendo este, precisamente, el caso nuestros bienes, ahorros y derechos.

 

 

1481908608_f0f6Tipos de testamento

La elaboración del testamento se convierte de esta forma en la solución idónea para no dejar al azar lo que pueda suceder con los bienes que a lo largo de nuestra vida hemos obtenido; quedando así en nuestras manos el concretar y determinar el destino de los mismos. Sin embargo, nos encontramos con diferentes tipos de testamento, ¿Por cuál decidirnos?

Nuestro Código Civil (en concreto, artículo 676 y siguientes) contempla diversos tipos de testamento mediante los cuales podremos dejar por escrito nuestras últimas voluntades, siendo los más comunes el testamento abierto y testamento cerrado.

 

1481909050_envelope-oDiferencias entre testamento abierto y testamento cerrado

Pues bien, teniendo ambos un fin común y debiendo cumplirse en ambos casos con determinadas formalidades para su validez, la diferencia entre uno y otro estriba, esencialmente, en la forma en la que el mismo se otorga.

Así, el testamento abierto se otorgará directamente ante Notario, mientras que en el testamento cerrado el testador, sin revelar cuál es su última voluntad, declarará que ésta se encuentra contenida en un documento que entregará al Notario dentro de un “sobre” o similar.

Es decir, si bien en ambos supuestos el Notario formará parte del proceso, en caso de que nos decidamos por elaborar un testamento abierto, informaremos de nuestra voluntad al Notario en cuestión. Este, una vez le expliquemos cómo deseamos repartir nuestros bienes, redactará el mismo y se encargará de conservar el original del documento.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que redactemos nuestro propio testamento (incluso de nuestro propio puño y letra), para, posteriormente, entregar este documento al Notario. Entrega que realizaremos en un sobre o envoltorio, de tal modo que no pueda extraerse del mismo sin romperlo.

En este último supuesto, estaremos otorgando lo que se denomina un testamento cerrado, siendo característico del mismo que, a diferencia de lo que ocurre en el testamento abierto, en este caso el Notario no conocerá el contenido del testamento, correspondiendo al mismo levantar el acta del otorgamiento. Para ello, tendremos que realizar una serie de manifestaciones respecto del mismo: que el sobre contiene nuestro testamento, quien lo ha redactado etc.

 

1479150652_f086En suma, si lo que deseamos es que nadie tenga conocimiento de nuestra última voluntad, manteniéndolo así en secreto, optaremos por un testamento cerrado. Sim embargo, en este caso tendremos que estar debidamente informados sobre los requisitos y límites legalmente establecidos, en aras de evitar futuros problemas. Es esta última precisión, en efecto, lo que hace en general más recomendable optar por un testamento abierto: pues el Notario podrá aclarar todas las dudas del testador y evitar problemas que pudieran surgir a posteriori.