Las relaciones de afectividad entre dos personas pueden sellarse de distinta forma; ya sea mediando matrimonio o bien mediante la constitución de una pareja de hecho. Las diferencias que existen entre un régimen y otro son más bien jurídico- económicas y no tan aparentes en el desenvolvimiento diario de las relaciones.

 

  • Regulación legal

El matrimonio se encuentra regulado a nivel estatal, concretamente en el Código Civil, distinguiéndose pequeños matices en su regulación según se encuentren los contrayentes en un territorio foral o en el resto de la península.

Por su parte, la pareja de hecho cuenta con regulación autonómica, lo que puede suponer diferencias abismales entre la inscripción de la pareja de hecho en una CCAA u otra.

Centrándonos en la Comunidad de Madrid, la pareja de hecho se regula a través de la Ley 11/2001, de 19 de diciembre, de Uniones de Hecho de la Comunidad Autónoma de Madrid, siendo una de las regulaciones que más equipara el régimen jurídico de la pareja de hecho al del matrimonio.

 

  • Régimen económico

En el seno del matrimonio, con independencia de si nos encontramos en un territorio foral, la legislación contempla, por defecto y en caso de falta de acuerdo expreso, la aplicación de un régimen económico para regular las relaciones económicas entre los cónyuges. En derecho común general, ante la falta de pacto expreso, será el régimen de gananciales.

Sin embargo, en lo que respecta a la pareja de hecho, el legislador no suple en defecto de pacto la existencia de un régimen matrimonial concreto. Así pues, serán los convivientes quienes acuerden el régimen matrimonial que quieren que rija sus relaciones (comunidad de bienes, separación de bienes u otros más específicos) y habrán de hacerlo constar en escritura pública.

 

  • Pensión de viudedad

Es en este aspecto donde nos encontramos con una de las principales diferencias entre las dos instituciones. En el matrimonio, el cónyuge que sobrevive tiene un derecho absoluto a percibir una pensión de viudedad.

Sin embargo, en lo que se refiere a la pareja de hecho, se requiere el cumplimiento de determinados requisitos para tener derecho a percibir dicha pensión; encontrándose entre los mismos un tiempo mínimo de convivencia y un nivel mínimo de ingresos.

 

  • Pensión compensatoria

La pensión compensatoria es el derecho económico que tiene el cónyuge o conviviente más desfavorecido tras la ruptura de la relación hasta poder recobrar la estabilidad económica de forma independiente.

Se trata de un derecho que en el matrimonio existe sin encontrarse sometido a ningún tipo de requisito, operando por defecto ante la necesidad del cónyuge desfavorecido. Por el contrario, en la pareja de hecho en el régimen de la Comunidad de Madrid, tal derecho solo existirá si consta expresamente en la escritura pública suscrita de forma previa por los convivientes en la que conste su régimen económico.

 

  • Derechos de los hijos

Este aspecto resulta uno de los más controvertidos en la medida en que existe una creencia social generalizada y errónea en la que los hijos nacidos dentro del matrimonio tienen mayores derechos que los nacidos fuera de él. Esta concepción es antigua y sustentada única y exclusivamente a la represión social que en la antigüedad podía conllevar el tener hijos fuera del seno matrimonial.

Al respecto, cabe decir que en el ordenamiento jurídico español, los derechos y deberes de los padres para con sus hijos son exactamente los mismos en la medida en que tales derechos y obligaciones derivan de la mera filiación, determinada mediante el nacimiento. No existen por tanto, diferencias entre los hijos nacidos en el seno de un matrimonio o de una pareja de hecho. Con todo, la forma que plasme la unión entre los progenitores, servirá única y exclusivamente para regular los derechos y deberes entre ellos.

 

  • Derechos hereditarios

En el matrimonio, el cónyuge que sobrevive tiene derechos respecto del caudal hereditario del fallecido sin necesidad de constar de forma expresa en su testamento.

Por el contrario, en la pareja de hecho no hay previsión legal en la que una parte de la herencia le corresponda al conviviente que sobrevive, de manera que, si se quieren dejar bienes o derechos mortis causa al otro conviviente, habrán de dejarse de forma expresa en testamento, siempre respetando los derechos de los herederos forzosos.