Vivimos en un mundo donde el cambio climático y sus consecuencias negativas ya no se consideran un problema teórico sino más bien una amenaza real. Diversos estudios alertan de que si no se consigue mantener la temperatura del planeta por debajo de 2 grados para el 2100, las consecuencias pueden ser nefastas, especialmente en las regiones en desarrollo. Por esta razón ha habido gran cooperación internacional para crear incentivos para reducir la cantidad de gases de efecto invernadero.

En Diciembre de 2015, se reunieron más de 190 diferentes países en la COP21 para alcanzar un acuerdo mundial para el desarrollo mundial del Protocolo de Kyoto y que permita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Hasta ahora, se podría considerar el COP2 como unos de los eventos más significativos y con mayor influencia hacia el cambio climático. Durante un periodo de 11 días, los principales líderes mundiales intentaron llegar a acuerdos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y acordar las bases de economías menos dependientes de los combustibles fósiles.

¿Qué impacto tendrá esto sobre Latinoamérica?

Hasta hoy, Latinoamérica solo es responsable de un 12.5% del total global de emisiones, sin embargo, en un futuro próximo se podría considerar que será una de las zonas más afectadas por el aumento de temperatura global. Expertos
predicen que el cambio de temperatura podría reducir el número de precipitaciones en áreas como Patagonia, Brasil centra, el Caribe y Centroamérica, causando un aumento en sequias en las zonas reduciendo la capacidad de productividad en Latinoamérica. Además, se prevé que podría haber un aumento del nivel de los océanos que pondría en riesgo a poblaciones instaladas en primera línea del mar.

Ante la difícil situación a la que nos enfrentamos y los retos más apremiantes de América Latina ante el calentamiento global, solo se puede hacer dos cosas: adaptación y mitigación. Países en Latino América han aumentado los esfuerzos para promover el uso responsable de recursos naturales. Asímismo, han invertido en mejorar las infraestructuras más vulnerables para que puedan superar desastres ambientales más intensos. También le han dado gran énfasis en el desarrollo de una mayor variedad de cultivos que soporten sequías, inundaciones y altas temperaturas. Los diferentes gobiernos Latinoamericanos, han aumentado la legislación en favor al cambio climático, en especial en países como; Bolivia, Ecuador, Costa Rica y Brasil.

Con tal de conseguir reducir el calentamiento global, la COP21 intenta fomentar que los países reduzcan su dependencia en energías fósiles y expandan las alternativas disponibles. Se estima que para una transición eficaz hacia economías que produzcan un nivel de emisiones bajo se necesitaría una inversión superior a 1.000 billones de dólares hasta el 2050. Para la implementación de este nuevo modelo, todos los actores, administración pública, el sector privado y todo tipo de organizaciones serían necesarios.

El sector bancario jugaría un papel vital en la recaudación de fondos contra el cambio climático. Tanto como para ofrecer seguridad y respaldar a los inversores, como para desarrollar modelos financieros innovadores que permitan mitigar los
riesgos asociados a programas de desarrollo sostenible. Latinoamérica está concentrando sus esfuerzos en desarrollar una economía baja en carbono para reducir el impacto del calentamiento global mediante el desarrollo de acciones de mitigación de los gases efecto invernadero y de adaptación a los escenarios climáticos cambiantes.