Hace cerca de trescientos años, un grupo de pequeñas colonias, comunidades diseminadas en un vastísimo territorio se enfrentaron a poderes imperialistas para defender su libertad económica y política para crear un pequeño Estado independiente, el cual sería el germen de la nación que a día de hoy, tras el paso de los años, copa el listado de los grandes poderes a nivel mundial, Estados Unidos.

No son pocas las fechas relevantes para el devenir histórico a nivel interno y mundial que se deberían destacar, desde el 9 de Abril de 1865 en  Appomattox, con el fin de la Guerra de Secesión, el 7 de Diciembre de 1941 en Pearl Harbour con la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial, lo cual provocaría el fin de la misma en 1945, o el 2 de Julio de 1964 con la aprobación y promulgación del Act of Rights que puso fin a  décadas de segregación racial, o sin necesidad de remontarse demasiado en el tiempo, el propio 9 de Noviembre de 2016, con la elección democrática del 45º Presidente de los Estados Unidos de América, Dondald Jhon Trump.

Pero  hoy en día especialmente tras los últimos acontecimientos políticos que han sacudido el país de las Barras y Estrellas quizás debiéramos poner de viva voz otra fecha, a priori menos relevante pero de mayor significado hoy que nunca.

La citada fecha es el 14 de Septiembre de 1814, cuando un joven abogado que respondía al nombre de  Francis Scott Key, al ver el sacrificio de sus compatriotas por su libertad, compuso la letra de lo que a posteriori seria el himno nacional de la nación más poderosa del mundo, citando en su epíteto final la siguiente frase;

“Sobre la  tierra de los libres”

Pues bien esa frase se corresponde con la idea que ha acompañado al desarrollo de América como nación desde la primera colonia al día de hoy, que no es otra que la tierra de las oportunidades y libertades. Dos cosas que quizás tras las elecciones norteamericanas de estos últimos días dejaran de ser la seña de identidad de una nación, con mucho orgullo de sus raíces y que quizás tras sus últimas decisiones democráticas tome un rumbo contrario a su espíritu histórico nacional.

La llegada del señor Trump al poder, puede suponer un claro receso en las relaciones comerciales y económicas de los Estados Unidos con el resto del mundo, mas allá de los países que le rodean.

Esto puede deberse a multitud de factores, el primero de ellos son las declaraciones como candidato del ahora electo 45º Presidente de los Estados Unidos, pues sus comunicaciones e intervenciones durante la campaña electoral han estado marcadas por un claro cariz racista, misógino, homófobo y nacionalista radical; que por desgracia conocemos bien en la Vieja Europa y que no ha causado ninguna aceptación por parte de algunos de los principales socios comerciales europeos de Estados Unidos.

Especial mención merece el caso de España y por analogía todos los países hispano parlantes o de ascendencia latina entre los que cabe destacar México, pues las declaraciones vertidas por el antiguo magnate empresario, han sido especialmente crudas con todas las personas de habla hispana así como con cualquier circunstancia que refleje la cultura hispanoamericana; desde la prohibición de la inmigración, a la deportación de los inmigrantes latinos afincados en Estados Unidos, pasando por la construcción de un muro en la frontera con México.

En este sentido para España debemos observar como puede ser especialmente relevante económicamente en el sector bancario, entidades como el BBVA con una fuerte presencia en el territorio de México, con un crecimiento del 11,4 % anual, que se traduce en 1.441 millones de euros, o el Santander con importancia estratégica dentro de Estados Unidos pero con grandes lazos con Latinoamérica, de donde proceden el 40% de sus ingresos, pueden verse especialmente afectadas.

Asimismo las empresas de energías renovables como Gamesa pueden verse,  seriamente afectadas por la ausencia casi total de preocupación por el medio ambiente que se postula dentro del programa del recién elegido presidente. A su vez grandes empresas exportadoras como Inditex o Mango, pueden verse perjudicadas por el incremento de aranceles y la postura claramente negativa de Trump a la hora de firmar acuerdos comerciales; aunque en contrapartida pueden verse favorecidas fiscalmente pues la intención del antiguo magnate es de bajar el impuesto de sociedades americano al 15%.

Parece que el señor Trump no ha tenido en cuenta los datos de su propio Instituto Nacional de Estadística, según el cual el 68% de la mano de obra en los principales sectores de su país, se corresponde con trabajadores nacidos o de ascendiente fuera de su propio territorio nacional; olvida el señor Trump que Estados Unidos antes de ser la nación más poderosa del mundo, fue un pequeño reducto de libertad creado y extendido por la ambición, valentía y principios de los inmigrantes que llegaban al Nuevo Mundo desde la Vieja Europa en barco; olvida por tanto su propio ascendiente de origen irlandés.

No solo a sus socios comerciales tradicionales les resulta repulsivo este discurso social con transcendente eminentemente económico, la actitud del recién elegido Presidente, puede suponerle, la confrontación con los grandes organismos internacionales OMC, la ONU, la OTAN, entre otros; pudiendo enfrentarse en el corto plazo a unas sanciones y embargos económicos internacionales que repercutan directamente en su economía a pequeña y gran escala.

Otra de las consecuencias de las elecciones norteamericanas, en un mundo tan globalizado como es el nuestro del siglo XXI, es que el discurso de privatización nacional que pretende desde su puesto el señor Trump es diametralmente opuesto al de su famoso predecesor, Barack Obama.

Mientras el 45º Presidente, centra su programa económico en la nacionalización y fomento de las empresas autóctonas en detrimento de las inversiones extranjeras de capital y trabajo, el primer Presidente afroamericano, puso todo su empeño en la comunión de esfuerzos entre nacionales y extranjeros para el fomento no solo de la económica estadounidense sino también el favorecimiento de una economía mundial que se encontraba en recesión en la mayoría de países.

Esta política mucho más aislacionista que sus predecesores, se encuentra en una dinámica anti colaboracionista y tiene muchos visos de transgredir flagrantemente los numerosos consensos internacionales existentes en materia económica mundial. Habiendo dejado claro en numerosas ocasiones que el cambio climático no le parece que exista y mostrándose claramente contrario al libre comercio, entre otros muchos.

Dichas posturas pueden suponer el detonante de un éxodo empresarial y societario de capital monetario y humano, del que muchos países pueden aprovecharse potenciando en gran medida su posición en el ranking económico global mediante el atesoramiento de las principales empresas que huyan de las medidas socioeconómicas de la Administración Trump.

La aspiración de revitalizar el tejido industrial y el empleo estadunidenses que en palabras del señor Trump, se encuentran en su estado actual por causa de la injusta competencia internacional, especialmente china y mexicana, tiene como principal augurio una pérdida del papel hasta ahora dominante y líder que ejercía Estados Unidos en la economía a nivel mundial y especialmente en el G-20.

Las políticas económicas de Trump tienen un claro influjo del historiador Paul Kennedy el cual vaticino con su teoría del Imperial Overstrech, que aquellos países que tuvieran demasiados frentes económicos abiertos, acabarían por colapsar e irremediablemente caer en la desgracia hasta ser destruidos, por dicha sobrecarga económica.

Alejándose de la competencia económica de sus geo competidores directos y fomentando el cierre de las fronteras y el potenciamiento de lo nacional frente a lo extranjero, discurso este altamente repetido por diversos gobiernos dictatoriales a lo largo de los últimos siglos.

Otro de los autores económicos de cabecera del señor Trump tiene visos de ser Monroe, artífice de la archifamosa frase de “América para los americanos”; lo cual supone la inmediata paralización de los acuerdos internacionales con Asia (TPP) y Europa (TTIP), así como el Convenio de Libre comercio con México y Canadá, rechazando de plano cualquier iniciativa que contenga elementos de liberalización y globalización, poniendo un fin anticipado al neoliberalismo de los grandes autores económicos a nivel mundial como Adam Smith.

Por lo que quizás la tierra de la libertad económica, individual, moral y social de los principios de los Estados Unidos sea tras este 10 de Noviembre un poco menos libre.