Las redes sociales han supuesto un cambio radical en nuestra manera de comunicarnos. Con su consiguiente impacto en la sociedad, han surgido nuevas plataformas en las que todos tienen la posibilidad de mostrar sus opiniones y ser oídos. Sin embargo, algo tan banal como una crítica o un chiste con cierto humor negro, adquieren un cariz diferente cuando se dejan de decir en la mesa de un bar y se tuitean. Esta circunstancia ha pasado inadvertida para muchos internautas, quienes sin reparar en el alcance de las redes sociales lanzan mensajes hirientes, desconociendo las sanciones penales a las que se exponen.

En este sentido, por casos  tan sonados como el de Pablo Hasel, el “niño que quiere ser torero”, el tuit  que celebró la muerte de “Jimmy” o Guillermo Zapata, se ha reabierto el delicado e inagotable debate sobre la libertad de expresión VS el derecho a la intimidad y el honor.

Y es que…

¿Debería existir un límite a la libertad de expresión? ¿Puede limitarse la libertad de expresión? ¿Hasta qué punto somos libres? ¿Es internet el medio idóneo para expresarnos? ¿Cuándo se vulnera el derecho al honor de otro? ¿Resulta lógico que alguien pueda acabar en la cárcel por escribir un chiste?

Está claro que es un tema controvertido en el que no existe una  postura correcta, en el que para poder dirimir qué derecho tiene preferencia deben estudiarse el caso concreto y las circunstancias que lo rodean. Evidentemente, no todos los comentarios jocosos o de mal gusto merecen una sanción penal.

De forma errónea pensamos que las redes sociales son una forma más de expresarnos, olvidando la singularidad de su alcance y memoria, factores clave cuando se trata de analizar la incidencia de nuestras opiniones. Así, pese a que las plataformas como Facebook o Youtube se hayan creado con el único propósito de permitir que los usuarios se muestren y expresen como son, no todas las manifestaciones personales están permitidas, más cuando perjudican los derechos de otros.

De hecho, son las propias tecnológicas las que sancionan a aquellos usuarios que, haciendo uso de su libertad individual, generan contenido de mal gusto o hiriente para otros usuarios. No obstante, el filtro empleado para detectar a este tipo de perfiles es demasiado amplio, con lo que día a día se suben a la red comentarios o artículos que distan mucho de lo políticamente correcto.

 

1489586938_f099Pero… ¿a qué nos exponemos realmente cuando agraviamos a alguien a través de una red social?

A menudo, muchos se atribuyen el derecho o la potestad para agraviar a alguien y que ello no suponga ninguna repercusión. Sin embargo, en determinadas situaciones, puede que sean los mismos seguidores del perfil en cuestión quienes se hagan eco de la publicación y, a través de técnicas como el retuit o el conocido like, lleguen a colocarla como trending topic o contenido viral. Por ello, la repercusión de nuestro mensaje es esencial a la hora de valorar la responsabilidad de nuestros hechos.

Así, si este tipo de opiniones han sido vistas por un número importante de seguidores, llamando la atención de éstos y de quienes pudieron haberse sentido ofendidos, los sujetos que hay detrás quedan expuestos a una querella criminal por injurias, del artículo 280 del Código Penal, o cuanto menos, a un procedimiento civil por responsabilidad.

No son pocos los usuarios de estas redes que, desconociendo la repercusión de sus palabras, se han expuesto a la apertura de un tortuoso y mediático proceso penal.

 

1489587128_hand-stop-o¿Cómo lo evitamos?

No sólo es necesario cuidar las palabras sino, también, vigilar el tema escogido. Es decir, no tiene la misma trascendencia desearle la muerte a un niño de ocho años que transcribir un conocido chiste de humor negro que, a pesar de denotar un pésimo gusto, está más aceptado por la sociedad como una broma.

Además es recomendable que el usuario valore y prevea la trascendencia de su publicación, esto es, el eco que tendrá entre su círculo de seguidores y el que podrá tener en esferas superiores. Es muy importante ya que este tipo de aspectos son los que se tienen en cuenta por los tribunales a la hora de analizar si los hechos son constitutivos o no.

Y, finalmente, también se debe evaluar al sujeto sobre el que vamos a expresar nuestra opinión. Si el titular al que se refiere nuestra publicación es una persona pública, el Tribunal Constitucional, hasta el momento, viene anteponiendo la libertad de expresión e información frente al derecho al honor, siempre que  no se empleen, lógicamente, expresiones ultrajantes u ofensivas.

 

1480625323_f0e3¿Cuándo se aprecia delito por injurias?

Por norma general este delito, tal y como expone el Tribunal Constitucional, se aprecia cuando: “dadas las concretas circunstancias del caso, y al margen de su veracidad o inveracidad, sean ofensivas u oprobiosas y resulten impertinentes para expresar las opiniones o informaciones de que se trate, por tanto la Constitución no ampara el derecho al insulto”.

Con ello, no se trata de modo alguno de penalizar el humor negro o de limitar las libertades individuales de los ciudadanos, sino de velar por el respeto de los derechos de todos bajo la premisa de: “las libertades de uno acaban donde empiezan los derechos de otro”.

Por este motivo, no todos las publicaciones en la red tienen la misma valoración, pues está claro que tuits como:

Yo no voy a ser políticamente correcta. Qué va. Que se muera, que se muera ya. Un niño enfermo que quiere curarse para matar herbívoros inocentes y sanos que también quieren vivir. Anda yaaaaa!

Dirigidos a una persona en concreto transgreden de forma flagrante los derechos y libertades inherentes a cada ciudadano, causando un daño irreparable a la persona contra la que se  dirigen, más cuando en este caso se trata de un menor.

 

sociedadEn definitiva, la tensión existente entre la libertad de expresión y el derecho a la intimidad y al honor obliga a analizar individualmente cada uno de los casos, realizando lo que se conoce como ponderación constitucional, decidiendo así qué derecho debe primar. Con todo, como cada situación es un mundo, se recomienda siempre publicar con cautela, pensando antes de pulsar la tecla compartir.